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    La música suena muy fuerte. La cortina se corre y sale una mujer

    de unos treinta años de edad que fácilmente debe pesar cien kilos.

    En la parte baja de su estómago se observa la tradicional cicatriz

    de la cesárea que trata de camuflarse con un coqueto tatuaje.

    La mujer baila lentamente, por más de cinco minutos y al final

    queda desnuda, en un espectáculo que está bastante lejos de ser

    erótico y que se acerca más a un show de curiosidades humanas.

    La descripción anterior es parte de lo que pudimos observar en

    un tour sexual realizado por lugares abiertos a todo público

    mayor de 18 años y que funcionan en pleno centro comercial de

    Valparaíso, durante casi todo el día y gran parte de la noche.

    EL CARACOL SEXUAL

    El tour comenzó a las 8.30 de la noche, en un centro comercial

    ubicado frente a la sede del municipio porteño, en la calle Condell.

    Ese lugar hay una variada gama de oferta sexual revestida bajo

    el título de "cafés con piernas".

    Hay tres que compiten fuertemente y las mujeres, vestidas con

    portaligas, calzones y sostenes nos llaman para invitarnos a

    su local. Optamos por el "Afrodita", que en su primer piso, de

    muy escasas dimensiones, se encontraban nueve tipos y ocho mujeres

    aproximadamente, bebiendo cerveza y conversando bajo una luz

    violeta.

    Se nos acercó Jocelyn, quien nos ofreció cerveza chica a mil

    500 pesos. "¿Me pueden invitar una a mí?" Como caballeros que

    somos, invitamos a la dama, quien nos relató cómo funcionaba

    el "café con piernas".

    "Algunos clientes desean ver un show, entonces nosotros le exigimos

    mil pesos a cada uno y se baila con desnudo total. Al que no

    paga, la niña no se le acerca", dice la chica riéndose. "También

    ofrecemos show particular en el subterráneo, a 10 mil pesos,

    donde a los clientes se le bailan dos canciones de tres minutos

    y medio más o menos con desnudo total y muchas veces los hombres

    tienen que salir derechito al baño", dice riéndose más fuerte.

    Muchos reportajes de diarios y de televisión han denunciado la

    prostitución encubierta que se realiza en la mayoría de los "café

    con piernas". La muchacha es muy cuidadosa en aclarar que no

    hay sexo en el baile privado, sin embargo su cara de picardía

    refleja otra cosa que no pudimos comprobar.

    La niña sigue metiéndonos conversa y en el pequeño y asfixiante

    lugar se observan parejas de clientes y copetineras besándose

    y tocándose relajadamente.

    EL SHOW DE LAS GORDAS

    Decidimos continuar en el mítico "Sexy Show", ubicado frente

    a los juegos infantiles de la Plaza Victoria, en el epicentro

    de Valparaíso.

    Este lugar, muy frecuentado por estudiantes y obreros, cuesta

    mil 500 pesos de entrada y da el derecho a una cerveza o una

    piscola en vaso plástico.

    El lugar también es muy pequeño y una hilera de banquetas de

    madera instaladas frente a un reducido escenario, con la barra

    metálica, nos anuncia donde debemos sentarnos. Junto a Litre

    Rojo nos ubicamos en la primera fila, "así podemos ver bien los

    detalles y reportear a fondo esta cuestión", me señala medio

    en serio y medio en broma.

    La música suena fuerte y comienzan a aparecer una seguidilla

    de mujeres que pesan fácilmente más de 80 kilos y que con rostros

    cansados y aburridos bailan sus melodías discotequeras y quedan

    casi totalmente desnuditas. La mayoría se cubre los prominentes

    estómagos con unas telas, para impedir que los asistentes observen

    sus cicatrices y sus expandidos cuerpos.

    El público estaba conformado por un anciano de 70 años de edad

    que estaba ubicado a un costado del escenario. Atrás de nosotros

    dos estudiantes universitarios completaban el decadente cuadro.

    Una gordita sale al escenario, con una cara de tristeza que impresiona.

    De mi boca se me salen las siguientes palabras: "qué le pacha,

    tiene penita". La mujer me responde violentamente: "cállate agueonao".



    Nos percatamos que es mejor retirarse del hostil ambiente. Ya

    habíamos visto a más de cinco gorditas bailando y verdaderamente

    no queríamos más.

    LA COPETINERA CIEGA

    Ya es casi la medianoche y nos vamos a un "café con piernas"

    con cierta fama en Valparaíso: el "Pan de Azúcar", ubicado en

    la calle Eleuterio Ramirez. Inmediatamente uno se percata que

    el local está mucho mejor decorado que otros y bajamos al subterráneo,

    donde funciona una barra y hay un escenario.

    Más de diez mujeres, entre 20 y 30 años, circulan por el lugar

    mirándonos sospechosamente. Ninguna, a diferencia de los otros

    "café con piernas", se nos acerca. Decidimos preguntarle al barman

    de que se trataba el asunto. "Aquí el consumo mínimo es de tres

    mil pesos y hay show de desnudos cada diez minutos".

    Después de observar un primer show nos sentamos en una mesa.

    Una copetinera se nos acerca. "¿Los puedo acompañar?". Le respondimos

    que sí, pero rápidamente nos exige un trago que cuesta cinco

    mil pesos.

    La mujer, mayor que las otras chicas, tiene algo raro en su vista.

    Después de una breve conversación nos relata que es casi ciega,

    "y ya perdí un ojo y del otro sólo me queda el 25 por ciento

    de mi visión". La mujer, de unos 40 años, nos cuenta que trabajaba

    como enfermera para un doctor español, "y lamentablemente perdí

    mi visión y ahora vivo de una escasa pensión por invalidez y

    este trabajo".

    Ella no baila en el escenario y sólo se dedica a conversar con

    los clientes y a realizar show privados, "pero me cuesta mucho

    sacarme toda la ropa".

    En un momento entra carabineros al primer piso del recinto y

    hay movimientos raros. Nos explican que algunas niñas que trabajan

    no tienen su carnet sanitario al día, "pero si tu sólo haces

    show y no haces privados, no debería ser necesario tener ese

    carnet", nos dice una de las bailarinas

    Hace algunas semanas instalaron una barra metálica en el escenario

    y las niñas ensayan raros movimientos. Una mujer ya entrada en

    años, que supervigila a las niñas, llega con un tarro de alcohol

    y algodón, "para desinfectar la barra".

    Aquí los show son realizados por muchachas más jóvenes. Bailan

    dos canciones y quedan totalmente desnudas, mientras se mueven

    eróticamente en el escenario.

    El reloj marca casi las tres de la mañana y es hora de retirarse.

    El "Pan de Azúcar" se cierra a las cuatro en forma implacable.

    El tour sexual llegó a su fin...a lo menos por esta noche

    fuente:
    La estrella de valparaiso
    La muerte no es mas que el comienzo

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